No hay mal que cien años dure

    No hay mal que cien años dure,… ni cuerpo que lo resista, salvo que el mal tenga acceso a laboratorios de longevidad. Mientras algunos sueñan con dejar un legado, otros prefieren simplemente no irse nunca. Eso es al menos lo que desprende de una conversación que se filtró, un robado que diría otro, de los líderes ruso, chino y en las que también andaba el coreano norteño.

    Según el artículo del New York Times, estos líderes no sólo pretenden gobernar sus países, sino también desafiar a la biología misma. ¿Democracia? ¿Alternancia? ¿Reloj biológico? Todo eso parece secundario cuando el poder se convierte en una residencia permanente.

    La ciencia avanza, sí, pero cuando los avances se usan para enquistarse en el trono, uno se pregunta si el verdadero progreso no sería enseñarles a soltar lastre. Porque si el poder corrompe, el poder eterno… bueno, eso ya es directamente una distopía con bata blanca.