Verano del 2018. Primer viernes del mes de agosto. Día 3 para ser exactos, si es que el calendario gregoriano lo es. Son las diez horas y cincuenta y nueve minutos. Ni uno más, ni uno menos, así lo marca el reloj del móvil desde el que capturo este momento. Este singular momento, porque ya no se repetirá, nunca más. Ha quedado inmortalizado para siempre, como un insecto capturado en una gota de resina. También han quedado retenidas todas las preguntas sin respuesta que una foto no puede revelar, ¿a quién le dedica su mirada? ¿qué guerras padeció? ¿cuándo fue la última vez que lloró antes de que el pozo de sus lágrimas se secara? ¿cuándo fue la última vez que rió con ganas? ¿cuál fue su mejor día? ¿y el peor? ¿qué daría por….? Pronto darán las once, pero que más da, eso ya será futuro. Veliko-Tarnovo (Bulgaria)

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