
Hace unos días me encontré con un listado de libros antiguos, “muy antiguos”, según rezaba el titular en el reverso de la hoja de calendario donde los vi. Inmediatamente pensé en esa costumbre, últimamente tan extendida, entre influencers y otros usuarios de redes sociales, de recomendar lecturas veraniegas.
Entre los títulos me llamó la atención las Máximas de Ptahhotep (2350 a. C.), un texto egipcio que, según señalaba la breve reseña, reúne consejos de sabiduría sobre las relaciones humanas. Quizá fue eso lo que despertó mi curiosidad, ¿qué puede enseñarnos un papiro escrito hace más de cuatro mil años? Así que me lancé, casi como un iluminado, a investigar en internet.
Han transcurrido casi 180 años desde que el egiptólogo francés Émile Prisse descubriera en Tebas ese famoso manuscrito, al que precisamente, y supongo que por la envergadura del hallazgo, le calzaron su nombre, “el Papiro Prisse”.
¿Qué puede enseñarnos un escrito de 4.000 años?
El texto reúne consejos sobre liderazgo, justicia, escucha, moderación y comportamiento ético dirigidos a quienes debían asumir responsabilidades públicas. Durante siglos se copió y utilizó como texto educativo, transformándose en uno de los pilares de la sabiduría egipcia. Sus máximas insisten en una idea sorprendentemente actual: el buen líder no es quien más habla, sino quien mejor escucha.
Y entonces uno no puede evitar pensar que siempre hay que volver a los clásicos; que, en el fondo, está todo inventado. Quizá nuestros políticos podrían beneficiarse de esta lectura. Hablan, escriben y publican mensajes constantemente, casi siempre bajo el filtro del cálculo electoral. Se reprochan unos a otros los mismos asuntos mientras el cansancio de los ciudadanos crece en silencio, convertido en un ruido de fondo que rara vez encuentra voz.
El manuscrito también ofrece consejos sobre la sabiduría y la humildad, sobre la codicia desmedida y sobre el autocontrol al hablar. En este último punto os copio una de las máximas, que encontré en internet:
«No repitas una palabra difamatoria ni la escuches. Es la emisión de un espíritu acalorado. Di la verdad cuando la conozcas y mantén el silencio si no tienes nada certero que aportar».
Si no fuera demasiado largo el párrafo, quizás se lo debería tatuar más de uno en el pecho, o en las piernas.
Por eso, más de cuatro milenios después de su escritura —y casi dos siglos tras su redescubrimiento—, las enseñanzas de Ptahhotep siguen siendo una lección plenamente vigente sobre el poder, la prudencia y la condición humana.